In(explicable)

La maldición de las Islas volvió a planear sobre el conjunto rojillo en un viernes noche para olvidar. Osasuna aguantaba las líneas juntas con su ya característico 4-4-2 en defensa, cual tigre agazapado entre la vegetación, esperando el momento oportuno para atacar a la presa. Dos zarpazos seguidos y -a priori- letales para sentenciar a un Tenerife que quedo descolocado, después de haber tenido el control durante los primeros compases del partido. En la segunda parte, Osasuna parecía incluso mejor y se encontraba más cómodo antes los riesgos que empezaba a asumir el Tenerife. Con espacios, nuestros laterales y los hombres de medio campo para adelante se encontraban muy cómodos pero todo salió al revés. No supimos cerrarlo cuando teníamos todo a favor y sufrimos cuando nadie lo esperaba. Otros días con mucho menos, sacamos más. Por lo tanto, a ojos de todo espectador tenemos la sensación de que fue una segunda parte inexplicable. Pero tal vez no fue tanto. Hay tres claves, bajo criterio personal, que pueden aclarar un poco más la situación vivida en la segunda parte:

La primera, los cambios. Acostumbrados a ver como mueve el banquillo con acierto, sorprendió a todos que Jagoba no contrarrestase la acumulación de jugadores que estaba metiendo Oltra en la zona de tres cuartos durante la segunda mitad. Además, tanto las bandas como Perea pedían a gritos la sustitución minutos antes. Solamente realizó dos cambios.

La segunda, la desconexión de las marcas y la fatídica media última hora de Unai Garcia. Pudimos comprobar durante el partido que el Tenerife buscaba constantemente las llegadas por bandas para intentar buscar las debilidades rojillas. En la segunda parte las llegadas con las subidas de los laterales se multiplicaron y la falta de oxígeno por parte de Robert y de Roberto Torres propició que en muchas ocasiones los laterales llegasen a posiciones de peligro. Dos goles del Tenerife son de un lateral. Unai Garcia, por su parte, se introduce el primero en su propia portería, se sale de su zona perdiendo la referencia del hombre que se le mete a la espalda en el segundo tanto y actúa como mero espectador de la jugada en el tercero, cerrando una noche que recordará durante un tiempo.

La tercera, la situación de Oltra. Cuando tenía un pie y medio fuera del Tenerife, decide quemar las naves en busca del milagro. Sabedor de que solamente la victoria le ha de dar la oportunidad de sentarse en el banquillo la semana que viene, el momento del empate a dos se vuelve peligrosísimo. Seguramente ese mismo equipo, en otro momento del campeonato sin la presión del descenso a falta de pocas jornadas y después de empatarle al líder tras ir perdiendo 0-2, se gestionado de otra manera. Sin embargo, esa necesidad de todos por volver a ganar te hace jugar con más riesgos. Y les salió bien. Extremadamente bien.

No obstante, no hay lugar a dudas, hasta el día que pierdes das una gran imagen durante gran parte del partido. Toca recuperar las piernas y, sobretodo, la cabeza de los jugadores.

LaRuna Sidrería

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